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El Debate de hoy

Un proyecto ilusionante para los españoles

El descontento y el desgaste del sistema han puesto de manifiesto, contra lo que podría esperarse, que la sociedad española es mucho más homogénea y unitaria de lo que reflejan los altavoces de las redes sociales y los medios de comunicación. No obstante, el periodo que transcurre entre el 11M de 2011 y el 28A de 2019 también ha demostrado que la clase política no puede despreciar sistemáticamente a la sociedad que gobierna, pues esta es inteligente, sabe lo que quiere y también reacciona cuando se siente engañada.

En este contexto, y según lo analizado previamente, podemos pensar que estamos ante un contexto político nuevo en el que se valora más la continuidad que la ruptura, y que la continuidad pasa por un escenario que ya no es el bipartidismo, sino una política de grandes pactos de Estado. Nos movemos, según lo visto, en dos grandes planos, el de la Administración del Estado y las políticas públicas, y el de la identidad y la unidad nacional.

La necesidad de grandes pactos de Estado

El ámbito de la eficiencia del Estado y los servicios que presta, y el de la unidad nacional están íntimamente relacionados, y ambos tienen mucho que ver con la construcción de un proyecto ilusionante para todos. A lo largo del recorrido de esta serie de cuatro artículos no hemos mostrado nuestras preferencias absolutas, sino solo aquellos puntos que creemos que son compartidos mayoritariamente y que pueden constituir la base estable para unos pactos de Estado que tracen las grandes líneas de la próxima década.

Ante la inestabilidad del cambio global, la incertidumbre de los cambios culturales, laborales y tecnológicos, y la amenaza de una nueva recesión, los españoles han manifestado el deseo de tener una clase política que sea capaz de hacer frente a estos retos. A estas alturas no vamos a pedir grandes líderes, pero sí pensamos que es muy razonable, y ventajoso electoralmente, plantear grandes pactos de Estado sobre temas que son comúnmente aceptados por la mayoría. Pensamos que el primero que se atreva a plantearlo no solo no será tachado de cobarde y traidor, sino que se quedará con el liderazgo de la próxima década.

¿Sobre qué se puede construir un proyecto ilusionante? Sobre un proyecto que garantice la eficiencia en la gestión de los recursos, que controle el gasto público y la deuda pública, que ofrezca una educación de calidad, que reduzca el tamaño y la multiplicidad de Administraciones, y que mejore la calidad de vida de los ciudadanos. No es mucho pedir, son los mínimos en los que casi todos estamos de acuerdo, y apartarlos de los intereses partidistas será bueno para España.

Somos «nacionalmasoquistas»

Nuestro país cuenta, además, con una gran ventaja que no es común en todos los países contemporáneos. En nosotros se da, además, una apreciación de nuestra propia cultura muy positiva. Aunque seamos “nacionalmasoquistas” y nos guste meternos con nuestro país, el concepto que tenemos de nuestra cultura es muy bueno. Apreciamos mucho nuestra alegría, saber vivir, estar juntos, la calle, la fiesta, el trabajo creativo, el arte, el sol, los amigos y el sentido del humor.

Nos sabemos distintos de las culturas nórdicas y eso, lejos de ser un problema, actúa como elemento aglutinador. Y en España se da también otro factor muy bien apreciado por la mayoría, y es el hecho de ser europeos. Somos iguales a los europeos y diferentes a otras culturas, como la islámica o la oriental, y sabemos que nuestros valores propios de libertad, igualdad, democracia y legalidad están por encima de nuestras diferencias regionales.

Ir a votar con la tranquilidad de que el futuro de tus hijos no está totalmente en manos de un partido, que la salud de los tuyos no depende de un interés local, o que las pensiones y una jubilación justa no están en peligro puede dejar de ser un sueño. Y en este punto reiteramos que no somos idealistas, que es cierto que la mayoría, que hace poco ruido, pero que vota, así lo manifiesta.

Hacerse eco puede tener resultados electorales muy ventajosos y, aunque pueda parecer que las cortinas de humo como el feminismo, Franco, el “frentepopulismo” o el independentismo salen rentables, la realidad ha demostrado que por ahora en España eso solo sirve para aumentar los porcentajes de audiencia de algunos programas. A la hora de la verdad, el español ha votado estabilidad y continuidad, y el que apueste por ello ganará.

Publicado el 3 de julio de 2019 en El Debate de hoy.

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De Armando Zerolo

Profesor Titular Filosofía Política y del Derecho
Universidad USP-CEU

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