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La sombra del progreso: los irrelevantes

Alexis Carrel, premio Nobel de medicina en 1912, decía que «poca observación y mucho razonamiento llevan al error. Mucha observación y poco razonamiento llevan a la verdad». Este debería ser el método de todo aquel que pretenda acercarse a la realidad social y política con ánimo de comprenderla sin sojuzgarla. Esto mismo es lo que en parte hace Guillermo Abril, y le felicitamos por ello. Es un gran relator, un buen contador de historias. Su estilo es sencillo, sin frases subordinadas, con la adjetivación estrictamente imprescindible y una sucesión de puntos seguidos que no solo marcan el ritmo, sino que denotan una intención. El libro, en efecto, es una sucesión de puntos, es una línea que marca la frontera del cambio, de lo que empieza a aparecer, y lo que queda atrás. Son, como el mismo autor dice, «fogonazos de algo que está pasando, de un proceso en marcha, de un futuro inacabado, de un cambio quizá histórico».

Los irrelevantes es el libro de un viajero acostumbrado a observar cuyo único error ha sido escoger de cicerone a Harari. Hay que tener coraje para lanzarse a comprender un mundo en transformación, para asomarse al cambio y ver lo que irremisiblemente dejamos atrás. Pero ese coraje ha de ir acompañado de una escrupulosa distinción de método: señalar lo que está mal en el mundo es una cosa, y elaborar una filosofía de la historia es otra muy distinta. Ambas intenciones son legítimas, pero cada una tiene sus servidumbres y hay que respetarlas.

Resulta muy acertado elegir como criterio a los que pierden, a los excluidos, a los débiles que cargan sobre sus vidas los desajustes de la vida. Es una inteligencia que reluce en todas y cada una de las páginas del último libro de Guillermo Abril, solo oscurecidas por la sombra del autor israelí Harari, que es utilizado explícitamente como piedra de toque para resolver los enigmas de esta época que se nos presenta tan confusa. Harari, lejos de aportar claridad a la interpretación de los hechos relatados, arroja un dogmatismo sobre ellos que los vuelve mezquinos.

Ante los problemas que presenta la cuarta revolución industrial, el terrorismo, los cambios laborales y la inmigración, tan bien relatados en Los irrelevantes, el criterio no puede ser un brindis al sol. Muñecos de paja como el capitalismo, el algoritmo, el sistema o el «monstruo», no pueden utilizarse para simplificar un problema tan complejo y justificar una petición de principio: sufrimos una amenaza incomprensible que necesariamente hará peor el mundo del futuro. Los hechos brillantemente relatados no llevan necesariamente a las conclusiones adoptadas.

Publicado el 13 de diciembre de 2021 en El Debate.

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De Armando Zerolo

Profesor Titular Filosofía Política y del Derecho
Universidad USP-CEU

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